Victoria Espinosa: añoranza y agradecimiento

Ante la partida de Victoria Espinosa sentimos añoranza y agradecimiento. Añoranza de tantas experiencias gozosas, dinámicas y transformadoras que ella hizo posibles para varias generaciones de estudiantes, ya fuera como actores o como espectadores.  Añoranza de su presencia cálida, de su entusiasmo e interés permanentes por sus alumnos, por la literatura, y por los escenarios que supo crear en todos los lugares, desde los carromatos del Teatro Rodante, los espacios abiertos y cerrados de la Universidad de Puerto Rico, hasta la sala que lleva su nombre. Agradecimiento eterno por su generosidad y su sabia enseñanza, por su ejemplo de dedicación y exigencia, por su capacidad de compartir saberes y de encontrar talento en los más jóvenes, aún en los más tímidos o más desventajados.

Victoria Espinosa fue una gran maestra porque creía en su disciplina como un instrumento de  liberación y de superación, como un inacabable proceso de crecer, aprender, y compartir, y como una oportunidad maravillosa de entender el mundo a nuestro alrededor, de trasladarnos más allá de éste, de descubrir y dar a conocer los muchos tesoros que llevamos dentro. ¡Qué mucho le debemos a Victoria la gente de teatro, los estudiosos, los amantes de las artes y las humanidades, y cada uno de los puertorriqueños y hermanos caribeños tocados por su espíritu!

La Fundación Puertorriqueña de las Humanidades se suma a la añoranza y al agradecimiento a Victoria Espinosa de toda nuestra gente.

Margarita Benítez, Directora Ejecutiva

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